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косынка

  • 14 dic 2017
  • 2 Min. de lectura

Esta llegando la navidad, el tiempo vuela; ya estamos en un mes que a todos nos gusta. Porque hay infinidad de comida para saborear y probar sin remordimientos, estar con la familia. Salir de viaje a visitar a la familia que casi no vemos.


Para los más pequeños, es la llegada de Santa Claus, es el momento de recibir regalos, es ver la emoción, alegría en sus caritas de inocencia; para darle más emoción y sentimiento a esta temporada les dejamos una hermosa historia de una mujer que reparte regalos en Rusia.


Babushka era una anciana que fabricaba muñecas artesanales. De esas muñecas de madera pintadas a mano con alegres colores, que esconden dentro otra muñeca, y otra, y otra más pequeña.


A Babushka le hubiera encantado tener hijos, pero no pudo ser, así que se encontraba muy sola y por eso se dedicaba a crear sus muñecas para venderlas y poder sobrevivir.


Una fría noche de invierno, Babushka se despertó sobresaltada. Su habitación se iluminó con tal intensidad, que parecía de día. La anciana se asomó a la ventana y vio una hermosa estrella que parecía decirla: 'venga, sígueme'. Pero Babushka tenía frío. Pensó que era una locura salir a esas horas, y volvió a meterse en su cama.


A la noche siguiente, Babushka tampoco pudo dormir. Esta vez un estruendo la despertó. Trompetas y arpas no dejaban de sonar. Al asomarse a la ventana, la anciana vio un grupo de ángeles que le dijeron:


- 'Babushka, ven con nosotros. Vamos a Belén para conocer al Niño Jesús, que acaba de nacer'.

Pero Babushka vio la nieve caer y pensó que hacía mucho frío. Decidió volver a su cama.

La tercera noche, Babushka se despertó sobresaltada al escuchar el ruido de los cascos de unos caballos. Esta vez, al asomarse, vio a los tres Reyes Magos de Oriente, que le dijeron:

- 'Ven con nosotros, dulce anciana. Vamos a Belén, a adorar al niño Dios, que acaba de nacer'.

Babushka dudó, pero prefirió volver a su cama. Seguía nevando, y afuera debía hacer muchísimo frío.


A la mañana siguiente, Babushka se arrepintió. Pensó que debía ir a ver al niño Jesús, así que cogió sus muñecas y fue hacia Belén. Pero cuando llegó, en el pesebre ya no había nadie. Babushka se entristeció. Decidió que para compensar aquello, a partir de entonces, todos los 24 de diciembre, noche en la que nació Jesús, iría casa por casa para dejar a los niños un regalo. Ese regalo que le hubiera gustado hacer al niño Dios.


 
 
 

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